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El Gerente de Saltillo

El 16 de julio de 2008 publiqué aquí una columna titulada “La Oportunidad del Sustituto”. Fernando de las Fuentes acababa de renunciar a la Alcaldía de Saltillo para buscar una diputación local, y el Congreso del Estado estaba a unos días de nombrar a Jorge Torres como interino. Las expectativas sobre lo que podría lograr un bateador emergente eran bajas. Finalmente, el programa de obras de la ciudad ya estaba definido y los recursos disponibles al Ayuntamiento estaban prácticamente comprometidos. Quedaban sólo quince meses para gobernar, y tanto los medios como la ciudadanía estaban distraídos siguiendo las elecciones. Bastaría evitar hacer olas para que el paso de Jorge Torres por el Palacio de Coss fuese razonablemente exitoso. La receta era simple: administrar lo que estaba en marcha, evitar hacerle sombra al Gobernador, y garantizar una transición tranquila.

Sin embargo, las circunstancias que marcaron la llegada del ex-Secretario de Finanzas a la Presidencia Municipal representaban una rara oportunidad. Mientras que muchos alcaldes de México se sienten obligados a gobernar a través de encuestas y a tomar decisiones como si el mundo se acabara al finalizar sus mandatos, un interino puede actuar de forma más serena. Si no tiene aspiraciones electorales, puede tomar decisiones frías. Si no tiene libertad política o financiera para elaborar su propio programa de obras, puede concentrarse en preparar planes para el futuro. En lugar de decir adiós repartiendo concesiones y permisos, puede despedirse haciendo el trabajo de plomería que pocos políticos abordan. Decir que un alcalde interino es un gerente dista de ser despectivo. Para algunas decisiones es mejor contar con un gerente que con un político.

Paradójicamente las debilidades del interinato –tiempo limitado, falta de validación electoral y escasa flexibilidad presupuestal- crearon un inusual espacio de libertad en la toma de decisiones. Por ello para evaluar a Jorge Torres no podemos conformarnos con revisar su recién entregado Informe de Gobierno. Dicho documento está preparado para arrancar aplausos, y la oportunidad del sustituto es precisamente hacer cosas políticamente incorrectas. Además, evaluarlo así fijaría un estándar demasiado bajo. Finalmente las principales obras descritas en el Informe –tanto las que necesita la ciudad como las que no- se habrían cristalizado con Fernando o con Jorge o con cualquier otra persona al frente del Ayuntamiento. Eran órdenes del Gobernador.

¿Pero qué hizo Jorge Torres más allá de lo mínimo necesario? ¿Cómo aprovechó su oportunidad?

A la mente vienen dos iniciativas importantes, ausentes del Informe, que lo dejan bien parado en comparación con sus antecesores. Ambas habían sido recurrentemente pospuestas pues implican significativos costos políticos para quien las toma, mientras que sus beneficios solo podrán ser capitalizados por administraciones futuras. Hablo de sus acciones tendientes a combatir la especulación inmobiliaria, y de sus negociaciones con los concesionarios para modernizar el transporte público en la ciudad.

Todos pueden ver como hay céntricos terrenos baldíos, ya rodeados por infraestructura pública, cuyos propietarios siguen pagando impuestos a precio de finca agrícola. El crecimiento de Saltillo los ha enriquecido, sin que ellos contribuyan financieramente al desarrollo de la ciudad. Ajustar esos valores catastrales es indispensable, no solo para incrementar la recaudación, sino para reducir el incentivo de especular con la propiedad inmobiliaria. El alcalde interino evitó pasar la bolita. Cuando estos propietarios acudan a pagar su predial en el 2010, pagarán mucho más que este año. Y quien sea tesorero podrá agradecérselo a Jorge Torres.

También es urgente replantear el sistema de transporte público. No hay razón técnica que justifique el que nueve de cada diez rutas entren al centro de la ciudad, o que los pasajeros tengan que pagar un nuevo boleto al transbordar unidades. Es inconcebible que para encontrar un mapa de las rutas haya que entrar a la página de transparencia del municipio. Sin embargo modernizar el sistema implica también trabajar con los concesionarios y plantearles alternativas que no los condenen a la bancarrota. Dicho proceso implica tensiones y tiempo. Cuando el nuevo alcalde se siente en su silla, podrá ahorrarse un poco de ambas. No solo hay un plan para readecuar las rutas y mejorar el sistema de cobro, sino que este al parecer está consensuado con los concesionarios. Es un buen inicio.

Al menos en estos dos temas, el bateador emergente aprovechó bien la oportunidad. Jericó Abramo es afortunado. Lo antecedió un gerente y no un político.

Archivado en: alcalde, editoriales, especulacion, saltillo, transporte publico

¿Qué porcentaje del presupuesto de Saltillo se dedica a inversión pública?

En Saltillo hay obras por todos lados. Por ello uno esperaría que el rubro de “inversión pública” fuese el principal destino de su presupuesto. Ramos Arizpe dedica el 40% de sus recursos a obras, y Torreón el 33%. La media estatal está en 30%. ¿Qué porcentaje del presupuesto de Saltillo se dedica a inversión pública?

Carlos Castañón
analizó para el Siglo de Torreón el Informe de Resultados de la Cuenta Pública 2008. Su texto brinda un sinfín de cifras, entre las que encuentro una gráfica que contiene la respuesta.

Revísenla y encontrarán una sorpresa:


El bajo porcentaje de gasto municipal dirigido a inversión pública en Saltillo se explica porque el Gobierno del Estado carga con la mayor parte de la responsabilidad financiera de la multitud de obras que se construyen en el municipio. Eso, o los constructores en Saltillo son más eficientes y cobran menos que en otros municipios (que no creo), o también pudiera ser esto (que si creo).

Sea cual fuere la razón, si yo fuese Lagunero y alguien me mostrara esta gráfica, me daría mucho coraje.

Archivado en: finanzas, saltillo, Torreon

¿Y el Saltibus?

Cuando el Gobierno del Distrito Federal propuso confinar un carril de la Avenida Insurgentes para operar un sistema de autobuses articulados, pocos creyeron que la implementación de dicho proyecto fuese políticamente factible. Los pesimistas pronosticaban que la pérdida de espacio de estacionamiento y la reducción en la capacidad de flujo sobre la Avenida detonarían terribles protestas por parte de vecinos y comerciantes, y que en todo caso los automovilistas no dudarían en invadir el carril exclusivo. Los pragmáticos observaban que la principal dificultad radicaba en retirar a los microbuses que prestaban el servicio sobre la ruta, pronosticando bloqueos e interminables manifestaciones. Algunos más criticaban que un sistema basado en camiones jamás lograría entusiasmar a la ciudadanía, mientras que otros dudaban que la operación del proyecto fuese sostenible sin multimillonarios subsidios gubernamentales.

Todas estas voces tenían algo de razón. Sin embargo, tras casi cinco años de su inauguración, el Metrobús recibe más aplausos que bullas.

Contrario a lo que sucede en la mayoría de los sistemas de transporte masivo en el mundo –incluido el metro del DF- el número de pasajeros que utiliza diariamente el Metrobús continúa creciendo, sin que su operación requiera de subsidios públicos. Los antiguos concesionarios están satisfechos, pues fueron incorporados como accionistas de la empresa operadora. Además, la Avenida Insurgentes luce mucho más limpia y ordenada sin los cientos de microbuses que antes competían por el pasaje deteniéndose en cada esquina.

De acuerdo con las evaluaciones que realiza periódicamente el Centro de Transporte Sustentable, los tiempos de traslado en transporte público por este corredor se han recortado a la mitad, y el 15% de los pasajeros del Metrobús son antiguos automovilistas. La totalidad de las estaciones y de los autobuses del sistema son accesibles para personas con discapacidad, y el número de accidentes que se registran sobre esta vía se redujo en un 30%. El servicio dista de ser perfecto, por supuesto, pero la lista de beneficios es larga y no deja de incrementarse.

Por ejemplo, el Metrobús contribuye a mejorar la calidad del aire en el DF, y representa una aportación importante de México a la lucha contra el calentamiento global. Lo anterior no es simple retórica. De hecho, el Metrobús fue el primer proyecto de transporte en el mundo que colocó bonos de carbono en el mercado internacional, hecho que fue posible solo cuando diversos especialistas certificaron que este sistema evita la emisión de hasta 80,000 toneladas de carbono a la atmósfera anualmente. Hoy, el Banco Mundial ha adoptado como propia la metodología de evaluación ambiental del Metrobús y el DF no deja de recibir misiones de ambientalistas que buscan aprender de la experiencia. Por todo esto, la Universidad de Harvard reconoció hace unos días al Gobierno de la Ciudad de México y a EMBARQ –la organización no gubernamental que brindó asesoría técnica al proyecto- con el Premio Roy a la Sustentabilidad Ambiental (aquí una crónica del evento publicada en The Atlantic).

El camino recorrido por los promotores del Metrobús (y del Optibús, una experiencia anterior en León), ha servido para detonar una revolución en el transporte público en México. Cada vez hay mas funcionarios y consultores que saben como impulsar estos proyectos. Los gobernantes están cada vez más sensibilizados sobre la rentabilidad política de estas obras, y las fuentes de financiamiento disponibles se han multiplicado. Además de la bolsa etiquetada para transporte masivo en el Fondo Nacional de Infraestructura, el Banco Mundial ha comprometido una línea de crédito para financiar 18 corredores similares al de Insurgentes en ciudades de nuestro país.

Con todo esto, los sistemas de autobuses articulados con carril confinado han evolucionado de improbables utopías a políticas factibles. El cambio de paradigma es evidente. A principios de 2009, la administración de Marcelo Ebrard amplío el corredor de Insurgentes hacia el sur y puso en operación la Línea 2 del Metrobús. Su plan es desarrollar una red con diez líneas y 243 kilómetros de servicio. Siguiendo el mismo modelo, Guadalajara estrenó su “Macrobús” en Marzo y el Gobierno del Estado de México inaugurará la primera línea de su “Mexibus” -en Ecatepec y Tecámac- antes de terminar el año. Otras ciudades, como Chihuahua y Mexicali se disponen a levantar la mano.

Y Saltillo, ¿cuándo?

El éxito del Metrobús demuestra que las barreras políticas y financieras que dificultan la modernización del transporte público ya no son infranqueables. Hoy se puede, se sabe como y se tiene con que.

Si el alcalde y el gobernador continúan ignorando el tema es simplemente porque les falta voluntad.

Archivado en: BRT, editoriales, metrobus, saltillo

¡Don Beto, ya tenemos carretera!

¿Se acuerdan de ese anuncio de televisión del Programa Solidaridad, aproximadamente de 1990?

En escena aparecía un señor barriendo la entrada de su tiendita, muy metido en su rollo, cuando de pronto pasa un fulano en bici gritando a todo pulmón: ¡Don Beto! ¡Don Beto! ¡Ya tenemos carretera! El señor levanta la mirada, la cámara le hace un acercamiento, y todos podemos ver una lágrima que resbala por su mejilla.

“Ora… ¿pero por qué está llorando Don Beto?…

No estoy llorando Jacinto. Lo que pasa es que me entró una basurita en los ojos, y parece que estoy llorando pero no es cierto”.

Bueno, pues ayer me topé este otro video, y entendí el sentimiento. Son las palabras del Presidente Calderón en la ceremonia de inauguración de la nueva autopista Saltillo-Monterrey, ocurrida ayer. Aunque la obra abrió al público hace como un mes, no quisiera que la apertura formal pase desapercibida. La obra traerá importantes ahorros en tiempo, servirá para hacer más competitiva a nuestra región, y sobre todo, elevará los niveles de seguridad de los miles de viajeros que la recorren diariamente.

La construcción de esta obra fue lenta, y sus impulsores tuvieron que enfrentar innumerables problemas (de hecho, encontré esto que escribí a principios de 2008 sobre el tema). Celebro que por fin se haya cristalizado este importante esfuerzo. Como tantos saltillenses, recorrí la carretera vieja cientos de veces. En sus peligrosas curvas dejé no solo momentos de estrés y minutos perdidos, sino también seres queridos.

Sin duda la inaguración de esta nueva autopista representa el cumplimiento de una vieja demanda ciudadana. La obra resuelve necesidades reales y su costo fue razonable. Honor a quien honor merece. Gracias Gobernador. Gracias Ex Gobernador. Gracias Presidente.

Snif.

(Por cierto… busqué el video del anuncio de Don Beto por toda la red, pero no aparece por ningún lado. ¿Alguien sabe donde puedo encontrarlo?)


(Actualización: Vaya que Twitter es rápido. @luismoderno localizó un fragmento del spot de Don Beto en el segundo 00:25 de este video. Iván Vartan y @MaDianito me mandaron la liga a otro anuncio de Solidaridad en Purépecha y @acedeno me ayudó a recordar otro clásico noventero: el de “pero te peinas cuñado” del IFE… gracias a todos!)

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La especulación y como combatirla

Dicen los alcaldes de Saltillo –tanto el actual como el electo- que combatirán la especulación inmobiliaria. Harán bien, pues esta actividad es tan nociva como se oye. En las ciudades la tierra disponible al desarrollo es por definición escasa. Pero cuando un propietario saca su terreno del mercado, pidiendo por el diez o cien o mil veces lo justo, contribuye a magnificar artificialmente esta escasez, encareciendo con su actitud el desarrollo de la ciudad.

El propietario de tierra urbana puede ver multiplicado el valor de su inversión sin tener que arriesgar ni un cinco adicional después de comprar su terreno. Si no enfrenta problemas de liquidez, puede darse el lujo de esperar a que llegue el comprador ideal. Así, las vialidades más importantes de la ciudad están flanqueadas por decenas de terrenos vacantes que esperan la llegada de un príncipe azul. ¿Usarlos para construir vivienda de interés social? ¿Para qué? ¡Si mi vecino le vendió a Liverpool!

Con esta expectativa, no siempre justificada, algunos propietarios han dejado pasar veinte años sin desarrollar sus propiedades. La mayoría podría esperar otros veinte.

Lo anterior no tendría nada de malo si la tierra urbana fuese un bien como cualquier otro. No lo es. La plusvalía de los terrenos baldíos frecuentemente es producto de inversiones hechas por la sociedad que los rodea y no del esfuerzo de sus propietarios. No vale lo mismo un predio vacío rodeado de otros predios vacíos, que un predio vacío rodeado de infraestructura pública y de viviendas ocupadas por consumidores potenciales.

Lee el resto del artículo…

Al sacar su terreno del mercado, el especulador nos genera costos a todos, pues obliga a la ciudad a crecer de manera ineficiente e inequitativa. Mientras estos baldíos adquieren una centralidad que antes no tenían, la ciudad debe llevar servicios e infraestructura a sitios cada vez más lejanos. Mientras estos propietarios esperan a que alguien les pague sus terrenos en dólares, la oferta de vivienda a precios accesibles queda reducida a las áreas periféricas de la ciudad.

Nuestros alcaldes no se equivocan. Saltillo debe enfrentar el problema de la especulación inmobiliaria. La pregunta es como.

Lamentablemente no hay camino fácil. Cualquier regulación sobre el derecho de propiedad debe manejarse con pinzas, pues es difícil distinguir entre un manejo prudente del patrimonio y un manejo especulativo a costillas de toda la sociedad. Por ello es importante que la estrategia que adoptemos tenga un carácter general, cuente con criterios claros y transparentes y pueda ser evaluada. La lucha contra la especulación no debe quedarse en una cacería de brujas. Lo que necesitamos son mecanismos que puedan durar en el tiempo, y que concentren su atención en el futuro.

Al respecto, valdría la pena revisar la experiencia chilena. En 2005 este país modificó su Ley de Rentas Municipales, buscando reducir los incentivos para retener predios sin uso. Aunque esta legislación contempla distintos instrumentos, recalco dos: el establecimiento de plazos máximos para realizar re-avaluos catastrales, y la creación de una sobretasa al impuesto predial aplicada a terrenos sin edificar.

(Los interesados encontrarán más detalles de la política chilena en este documento: “Efectos en los Precios del Suelo en la Ciudad de Santiago de Chile tras la implementación de la Ley de Rentas Municipales II”)

En Chile los catastros deben re-avaluar los predios urbanos cada 5 años, buscando que los terratenientes paguen impuestos que reflejen el valor de sus propiedades. En el caso de terrenos baldíos, el plazo para los re-avalúos se reduce a un año, utilizando como referencia una declaración que deben presentar los propietarios sobre el valor comercial de sus predios. Es decir, quienes mantienen predios vacantes se colocan con mayor frecuencia bajo la lupa de la autoridad, debiendo “confesar” anualmente la plusvalía que estiman ha obtenido su terreno.

Los chilenos establecieron además un castigo para quienes mantienen tierra urbana sin uso. Dice su legislación:

“los bienes raíces no agrícolas afectos a impuesto territorial (predial), ubicados en áreas urbanas, y que correspondan a sitios no edificados con urbanización, propiedades abandonadas o pozos lastreros, pagarán una sobretasa del 100% respecto de la tasa vigente del impuesto”.

En pocas palabras, los chilenos que especulan pagan doble predial.

Por supuesto que estos mecanismos no bastan para eliminar la especulación inmobiliaria. La actualización sistemática de los valores catastrales, y la sobretasa en el predial pueden ser insuficientes y siempre habrá quien navegue con éxito el sistema, encontrando oportunidades para escapar a la regulación. Sin embargo, la experiencia chilena contiene lecciones útiles, y puede servir para explorar alternativas disponibles.

Celebremos que nuestras autoridades muestran disposición para atender este importante problema. Si hay consenso respecto al “que”, dejemos de especular, y discutamos el “como”.

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El avión, el avióooon

Trasciende que el Proyecto de Presupuesto de Egresos 2010 contempla recursos para infraestructura de las Zonas Metropolitanas del Estado de Coahuila:

Para la Zona Metropolitana de la Laguna, están planteados:

$153 millones

Para la Zona Metropolitana de Saltillo (que por razones que no entiendo aún no ha podido conformarse formalmente como tal)

$ 0 pesos con 0 centavos.

Una vez más, nos dejó el avión.

(Actualización: El Periódico Vanguardia retomó este tema en su portada del 4 de Noviembre.)

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La Rifa del Tigre


Ayer celebramos elecciones y con ellas iniciamos una nueva etapa en Saltillo. ¿Cuáles son los retos que deberá afrontar el nuevo Ayuntamiento? ¿Qué podemos esperar del nuevo alcalde?

Las preguntas son propicias. Saltillo está en un momento importante en su desarrollo. Ya no es un pueblo. De hecho, es del mismo tamaño poblacional que Sevilla, España. Sin embargo tampoco es una gran metrópoli. A diferencia de gigantes como la Cd. de México, Saltillo puede todavía orientar su crecimiento. En términos biológicos, habitamos una ciudad adolescente, que aunque ha adquirido vigor propio todavía no culmina su formación. Todo lo que hagamos y lo que dejemos de hacer importa.

Más allá de lo que prometieron los políticos y de lo que deseamos los ciudadanos, el contexto determinará la agenda municipal. A su llegada al Palacio de Coss, el nuevo equipo será recibido por tres determinantes: a) contracción presupuestal, b) incertidumbre económica y c) inercias de crecimiento desordenado. Sin duda será difícil gobernar bajo estas circunstancias. Sin embargo detrás de cada uno de estos nubarrones se esconden grandes oportunidades. Con ingenio y liderazgo, nuestros nuevos gobernantes podrían aprovechar al tigre que ganaron en la rifa.

Lee el resto del artículo…

De la contracción presupuestal

Los municipios en México son adictos a las transferencias federales (a los interesados recomiendo esta columna de Macario Schettino). Esta fuente de recursos les permite gastar sin preocuparse por generar ingresos propios. Mientras los pesos fluyen desde arriba, las ciudades se llenan de obras sin que sus gobiernos paguen el costo político de cobrar impuestos. ¿A qué alcalde podría disgustarle este arreglo? Sin embargo la fiesta está terminando. La crisis económica obliga a repensar el modelo.

Desde que el Secretario de Hacienda comenzó a cerrar la llave, las tesorerías municipales convalecen. Las participaciones federales a gobiernos locales cayeron 21.3% en el primer semestre del año, colocando a cientos de municipios al borde de la quiebra. En todo México recortan programas, cancelan obras, reducen nóminas y contratan deuda. Si nuestro alcalde quiere evitar esa ruta, deberá invertir parte de su capital político fortaleciendo la recaudación de impuestos sobre la propiedad raíz.

En 1999, el Congreso de la Unión reformó la Constitución para permitir a los Ayuntamientos incrementar sus ingresos por esta vía. Desde entonces los municipios están facultados para determinar el uso de suelo de las propiedades en su territorio y para proponer las tasas sobre las que se calculan nuestras contribuciones. Además, están obligados a mantener actualizados los valores catastrales. Sin embargo, el cálculo político se impone. ¿Para qué arriesgar la ira del elector y de los intereses inmobiliarios, si las transferencias generan recursos suficientes para gobernar?

En el 2008, los impuestos locales representaron solo el 17% de los ingresos del municipio (ver imagen abajo). Lo que es peor, recaudamos menos que ciudades similares. Saltillo recauda aunualmente $160 pesos per cápita por concepto de predial, mientras que Torreón recauda $217. Si creemos en la autonomía municipal, y si queremos hacernos cargo de nuestro propio desarrollo, es urgente poner atención en la manera en que financiamos la ciudad.

La actual contracción presupuestal puede ser el elemento que faltaba para tomar en serio la reforma de 1999. Por primera vez en mucho tiempo, el alcalde encontrará un escenario propicio para intentar mejorar las finanzas municipales. Si bien a la gente no le gusta pagar impuestos, menos le gustará que el camión de la basura deje de pasar, o que la patrulla no haga su rondín por la colonia. Solo el nuevo alcalde puede presentarnos estos contrastes. Ojala lo haga, pues Saltillo no puede posponer esta discusión.

Contrario al cálculo político tradicional, fortalecer las finanzas no equivale al suicidio. La experiencia internacional –como la observada en Porto Alegre, Brasil- sugiere que si el esfuerzo se acompaña de un proceso incluyente y transparente, en la que el ciudadano obtenga el control sobre el destino de sus recursos, la recaudación local puede incrementarse. Ojala que el nuevo gobierno vea a la contracción presupuestal como una oportunidad y no como una excusa. En esta materia, hay mucho por hacer.

De la incertidumbre económica

La crisis financiera ha lastimado más a Coahuila que a ningún lugar de México. Según cálculos del economista Alejandro Dávila, la caída del PIB coahuilense en la primera mitad de 2009 fue de 24% (Vanguardia, 11/10/09). El epicentro de este descalabro está sin duda en Saltillo. Nuestra profunda dependencia en un solo mercado –el norteamericano- y en una sola industria –la automotriz- genera un escenario de incertidumbre económica en la región. A pesar de un millonario rescate gubernamental, la supervivencia de GM y de Chrysler continua en duda. Los problemas de Detroit son reales y se sienten en Saltillo.

La celebrada alianza de Chrysler con Nissan, que incluía la producción de la camioneta Titán en Derramadero fue cancelada. Aún no sabemos si Fiat -hoy propietario de Chrysler- incrementará su producción en México o si fortalecerá a Brasil, su base histórica en el continente. GM dejó de pagar reparto de utilidades a sus empleados en México y recién suspendió la producción del Saturn Vue en Ramos Arizpe, posponiendo la esperada contratación de 300 trabajadores.

A pesar del optimismo de la directiva de GM-México, mientras no crezca nuestro mercado interno será difícil ampliar significativamente su producción al sur del Bravo. De acuerdo con el recién renegociado contrato de GM con su sindicato en Estados Unidos, todo proyecto en México será revisado con lupa (escribí sobre esto acá). Esto no es problema menor pues la United Auto Workers, hoy propietaria del 18% de la empresa, considera a la competencia mexicana como fuente principal de sus problemas.

A raíz de esta incertidumbre el dinero no circula en Saltillo. Las familias limitan sus gastos, y los sectores comercial y de servicios resienten el golpe. Hay muchas voces que piden esperar a que pase la tormenta. Estoicos, explican que la economía de nuestros vecinos se recuperará, permitiéndonos seguir tan felices como siempre. Quizás tengan razón, pero también es cierto que esta crisis representa una llamada de atención para la ciudad. De un día para otro, Detroit anunció el cierre de decenas de plantas y el despido de miles de trabajadores en Estados Unidos. ¿En serio es impensable que ocurra algo similar aquí?

Así como otras urbes se preparan para recibir huracanes, en Saltillo debemos prepararnos para la vida post-automotriz (algunas ideas aquí). El alcalde es el funcionario mejor posicionado para convocar a una reflexión sobre el futuro económico de nuestra región. En Saltillo nos asumimos irremediablemente ligados a la industria automotriz, pero olvidamos que Chrysler y GM llegaron a la ciudad apenas hace 30 años. En solo tres décadas, transformamos nuestra vocación productiva y nuestro perfil económico. El matrimonio ha sido feliz pues aceleró nuestra industrialización y nos vinculó con la economía global. Sin embargo esta especialización tiene sus costos, sobre todo cuando la concebimos como destino y no como un escalón en nuestro camino al desarrollo.

Nuestros jóvenes no estudian para inventar la nueva batería de litio, sino para ser ingenieros en Magna. Nuestros empresarios ya no buscan producir autopartes, sino administrar parques industriales. Los apoyos del gobierno ya no respaldan a quienes intentan cosas nuevas (como a los multi-celebrados diseñadores del Grupo W), sino a las firmas que amenazan con abandonar la plaza (como los $14 millones ofrecidos a GM por el Gobierno de la Gente).

Saltillo necesita construir su futuro. La incertidumbre económica obliga a reflexionar al respecto.

Del crecimiento desordenado

Saltillo ha crecido mucho en poco tiempo. En 1950 habitaban la ciudad 70,000 personas. En 2009, somos casi 700,000. Esta cifra esconde la dimensión del reto pues el crecimiento territorial ha sido mucho mayor al crecimiento poblacional. Saltillo ya no es una ciudad para peatones, sino para coches. Al transformarla, hemos desparramado la mancha urbana y dejado de priorizar el espacio público. La prioridad es la avenida y no la banqueta, el estacionamiento y no el parque, la eficiencia y no la convivencia. Esta dinámica crece en intensidad pues a pesar de numerosos terrenos baldíos, seguimos construyendo en la periferia. No hablo solo de los fraccionamientos de interés social, sino también de iniciativas gubernamentales como el suburbio industrial en Derramadero y la Cd. Universitaria en Arteaga.

Este patrón de crecimiento, resultado de fuerzas del mercado pero aparentemente adoptado como política pública, obliga al municipio a extender innecesariamente su red de servicios. Quien mucho abarca poco aprieta, y Saltillo debe llevar transporte, alumbrado, seguridad pública y recolección de basura cada vez más lejos. El crecimiento es deseable, por supuesto, pero podemos crecer de manera más inteligente (aquí hay algo que escribí al respecto en el 2006).

Las consecuencias del dejar hacer, dejar pasar se sienten. El concesionario de transporte recorre más kilómetros para recoger menos pasajeros, por lo que siempre está al borde de la quiebra (un comentario sobre este tema acá). A pesar de grandes inversiones en infraestructura vial, los tiempos de traslado en coche tampoco dejan de incrementarse. Y mientras tanto las áreas centrales, que concentran nuestra infraestructura, siguen llenándose de edificios abandonados y locales vacíos (muy a pesar de la reciente manita de gato). En el camino Saltillo pierde su identidad y espíritu de comunidad. Poco a poco, la convertimos en un océano de pavimento, embotellamientos y Farmacias Guadalajara.

El momento que vive la ciudad invita a hacer un alto en el camino para explorar alternativas. No hace falta inventar el hilo negro. En todo el mundo hay gobiernos trabajando por un urbanismo más sustentable y justo. Bogotá, Curitiba, Londres, Portland y nuestra ciudad hermana de Austin ofrecen estupendas referencias. Sus líderes descubrieron que ordenar el crecimiento urbano tiene sentido no solo por ser lo responsable, sino también por ser lo más estratégico en términos de competitividad. La evidencia es contundente. Las ciudades más habitables son también las más propicias para la innovación.

El nuevo alcalde podría plantear estrategias para mejorar nuestro patrón de crecimiento urbano. Las decisiones sobre que, como y donde construimos afectan a todos, incluso a quienes todavía no nacen. Por ello urgen instituciones que detonen una planificación urbana flexible, transparente y democrática. Hay que revivir el COPERES, pero también hay que hacer de la Dirección de Desarrollo Urbano una verdadera central de estrategia. Los institutos de planeación de Chihuahua y de Cd. Juárez son modelos que valdría explorar.

La llegada de nuevos alcaldes también representa una oportunidad para archivar los celos y envidias que evitan la coordinación metropolitana en la región. Los habitantes de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga formamos parte de un mismo todo, y el brazo izquierdo no tiene por que competir con el derecho. No hay duda. Para crecer mejor hay que crecer coordinadamente. (Aquí hay más sobre la importancia de promover la agenda metropolitana en Saltillo-Ramos-Arteaga)

La nueva alcaldía puede y debe impulsar una estrategia para reorientar el patrón de crecimiento de Saltillo. Sin duda es en este tema donde puede dejar mayor huella.

Tres oportunidades

Contrario a lo que se piensa, la contracción presupuestal, la incertidumbre económica y el crecimiento desordenado representan bendiciones disfrazadas. Los problemas que generan son tan grandes que por primera vez es imposible dejarlos para después. El público los percibe cada vez más cercanos, y el alcalde que los ignore condenará a su administración a la intrascendencia. El gobierno que elegimos ayer tiene una sola alternativa: Enfrentar estos temas con creatividad y valentía, invitándonos a imaginar un Saltillo diferente.

El nuevo alcalde tiene mucho a su favor. Amor por Saltillo, juventud, cercanía con el Gobernador, respaldo popular y sobre todo cuatro años para trabajar sin distraerse. Es cierto que se sacó la rifa del tigre, pero no se vislumbra mejor momento para domesticarlo.

Bienvenido Alcalde. Hay mucho por hacer. ¿Seguimos la conversación en twitter?

Archivado en: elecciones, espacio publico, finanzas, planeacion urbana, saltillo

Un Desarrollo Urbano al servicio de Saltillo

En unos días los saltillenses elegiremos al alcalde de nuestra ciudad. Ganará Jericó Abramo , un candidato joven, ambicioso y con gran energía. La diferencia en votos será mayúscula, no solo porque el PRI cuenta con un buen candidato y con una maquinaria casi imbatible, sino porque el PAN se empeña en subestimar al ciudadano. En lugar de ofrecer contraste y nuevas ideas, la campaña del panista Oscar Mohamar se limita a invitar a “las reinas del hogar” a formar parte de una nueva red clientelar. Vaya estrategia: intentar ganarle al PRI replicando sus peores vicios. Mohamar tendría mejor suerte retando a Ana Guevara a una carrera de 400 metros. (Por cierto, les recomiendo el artículo de María Isabel Reyna al respecto)

Dado que Jericó será nuestro próximo alcalde, es oportuno comentar una de sus propuestas de campaña. Dice el candidato del PRI:

“Para que Saltillo tenga un crecimiento ordenado y eficiente, rediseñaré la operación de la Dirección de Desarrollo Urbano convirtiéndola en detonadora de nuevos proyectos de inversión”.

Lee el resto del artículo…

Da gusto observar a un candidato consciente de que gobernará bajo profundas restricciones presupuestales. Las participaciones federales han venido reduciéndose sistemáticamente, y los ingresos vía predial distan de ser suficientes para compensar el recorte. Jericó acierta en proponernos una reorganización administrativa y no una lista de grandes obras de infraestructura. Al evitar delirios de Shah Jahan, Jericó abre una formidable oportunidad para hacer un alto en el camino, revisar nuestras prioridades y re-imaginar el futuro.

La Dirección de Desarrollo Urbano es el mejor lugar para iniciar este proceso. Sin duda, la regulación de usos de suelo es la principal herramienta con la que cuentan las ciudades para orientar su crecimiento. Los permisos de construcción y los criterios que establece esta dependencia municipal impactan tanto los precios de la vivienda como los costos y calidad de los servicios públicos. Sus acciones y omisiones tienen un efecto determinante en la calidad de vida de quienes habitan la ciudad (¿has caminado en una calle sin banquetas?), y sus errores son casi imposibles de revertir (¿cómo construir una escuela en un fraccionamiento ya terminado?)

La ciudad necesita una Dirección de Desarrollo Urbano fuerte y bien pensada, pues el mercado inmobiliario tiende a producir un patrón de crecimiento ineficiente y desordenado. Al buscar maximizar sus ganancias, el desarrollador tiende a proponer fraccionamientos en la periferia, donde la tierra es más barata, incrementando los tiempos de traslado y la dependencia en el automóvil. Los espacios públicos – como parques, banquetas y canchas- escasean pues representan metros cuadrados que no pueden monetizarse. Además, la construcción privada genera obligaciones muy públicas –como recolección de basura y vigilancia policiaca-, que no siempre son consideradas como costos por los desarrolladores. A pesar de que vivimos en una economía de mercado, es evidente que debemos regular el derecho a la propiedad.

Por todo esto, es importante que el candidato clarifique lo que tiene en mente. “Rediseñar la operación de la dirección de desarrollo urbano” puede significar muchas cosas, y el diablo está en los detalles. El “rediseño” puede implicar dotarla de herramientas tecnológicas para comprender y orientar el crecimiento de la ciudad, fortalecer su músculo regulatorio para que pueda incentivar un uso más sustentable del espacio urbano y transparentar la manera en la que otorga sus permisos para brindar certeza a ciudadanos e inversionistas. “Rediseñar” también puede significar limarle los dientes, hacerla irrelevante, o formalizar su entrega a los intereses inmobiliarios. ¿En qué consiste la propuesta de Jericó?

Desgraciadamente el material que ha circulado la campaña carece de detalles. En su página web, Jericó observa que “alguien que va a construir, por ejemplo cien casas, puede tardar hasta un año para recibir el permiso de Desarrollo Urbano”. Ante esta inaceptable situación, Jericó ofrece que su administración autorizará dichos proyectos en un plazo no mayor a 24 horas. Entiendo como esta propuesta servirá para “detonar proyectos de inversión”, ¿pero contribuirá también para garantizar “un crecimiento ordenado y eficiente”?

Ojala que el candidato brinde más detalles antes de la elección. Saltillo no solo requiere de velocidad administrativa, sino también de decisiones bien tomadas. No solo necesita más construcción, sino mejores proyectos. La Dirección de Desarrollo Urbano es mucho más que un “detonador de proyectos de inversión”. También es el garante del tipo de ciudad que dejaremos a nuestros hijos.

Balancear ambos objetivos representa un reto mayúsculo. Jericó tiene frente a sí un extraordinario reto. Deseémosle suerte.

www.twitter.com/oneflores

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Pecados del transporte público en Saltillo

Me encanta la sección de “Golpe Avisa” que produce el Periódico Vanguardia. En esta edición, los usuarios del transporte público califican el servicio:

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Se murió el ya merito

Terminó el maleficio. Se murió el ya merito. Sí se pudo. Saraperos es campeón de la Liga Mexicana de Beisbol 2009.

Crónica del Vanguardia:

Crónica del Zócalo:

… y para quienes no pudimos estar en el Estadio Madero, un video y otro video con la Vuelta de la Victoria (via @gpsq)

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